1- Cuando la Navidad se nos atraganta…

Muchas personas, cuando se aproxima la Navidad, comienzan a sentir una gran alegría pues saben que será un momento de fiesta y de encuentro familiar. Otras, en cambio, viven la

Navidad con depresión y tristeza, especialmente cuando están peleadas con alguien.

Ciertamente no desean encontrarse y, menos aún, verse en la obligación de dirigirle la palabra, ya que la palabra me pone en contacto con la vida del otro. En Navidad, sin embargo,

celebramos justamente el nacimiento de la Palabra, que es Jesús: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14). Por lo mismo el primer desafío es abrirnos a la Palabra y

recuperar, al mismo tiempo, el sentido de la palabra humana y de la escucha: “No habría tantos problemas de parejas si los esposos se concedieran mutuamente la palabra y el silencio, sin

urgencias, sin andar ‘relojeando’ y pidiendo que sintetice lo que el otro quiere decir, porque tienen ‘otras cosas’ que hacer… pero ¿serán realmente más importantes que este diálogo?” (P.

Ángel Rossi SJ)

Al prepararnos a la Navidad nos preguntamos: ¿Dedico algún tiempo a la lectura de la Palabra de Dios? ¿Hay alguien a quien yo no le dirijo la palabra o no lo quiero escuchar?...

2- Estar juntos pero no amontonados…

Para recibir a familiares y amigos en Navidad sabemos, por experiencia, que hay que hacer sitio en la casa. Eso supone, no pocas veces, deshacernos de cachivaches juntados con el

tiempo, ordenar lo que está en desorden, etc. Queremos estar juntos, por eso hacemos lugar para no estar amontonados. También en nuestro corazón tenemos que hacer lugar, sacando

afuera malos entendidos, asperezas, ofensas, rencores…

El segundo desafío es, por lo mismo, hacer lugar a la Palabra que quiere nacer en mi corazón. Hay que hacer un sitio para el Niño y para nuestros hermanos:

“Tampoco podemos pretender de mi corazón el Pesebre ideal. Ni Dios lo pretende. Lo que pretende es un ‘lugarcito’, es la buena intención…Nosotros quitaremos algunas cosas, y el resto

lo va a hacer Él… No pide una casa donde todo esté perfectamente en orden y prolijo. Pide un rinconcito para nacer y así ayudarnos con nuestros desórdenes e improlijidades”…

(P. Ángel Rossi SJ)

3- Cuando la puerta nos queda chica...

Para entrar en la Basílica de Belén los peregrinos se encuentran con una puerta baja y muy angosta. Miguel de Unamuno describe su experiencia en estos versos:

“Agranda la puerta Padre, porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños y yo he crecido a mi pesar.

"Si no me agrandas la puerta, achícame por piedad,

vuélveme a la edad bendita en que vivir es soñar”

Por eso el tercer desafío es “hacerse niño para poder vivir la Navidad, para reencontrar el gusto por lo sencillo…Hay que volver al pesebre a rescatar al ‘niño’ que llevamos en el corazón y

que nuestra ‘madurez’ tiene arrinconado, amordazado…Hay que volver al pesebre a tocar la debilidad de Dios, y a comprometernos seriamente a cuidar de sus hijos más frágiles y, por lo

tanto más parecidos a Él: los ‘heridos’ de nuestras familias, los enfermos, los solos, los presos, los ancianos, los pobres” (P. Ángel Rossi SJ)

Si nos “hacemos como niños” Navidad volverá a girar en torno al Niño Jesús - el gran olvidado de la fiesta y la familia volverá a transmitirles a los niños el verdadero sentido de la Navidad:

Jesús es la Palabra que nos trae Vida.

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