De la Palabra nace la vida (Jn 1,4)

Queridos amigos:

La alegría de la Navidad no es una más entre otras. Es una alegría grande, inconfundible. Por eso es “para todo el pueblo”. Y tiene que llegar sobre todo a los que sufren y viven tristes.

Esta alegría sólo puede venir de Dios: “Hoy nos ha nacido un Salvador”. El corazón de la escena grandiosa de la Navidad lo ocupa un niño en un pesebre.

“La Palabra de Dios se ha hecho carne”.  Dios no ha permanecido callado, encerrado para siempre en su Misterio. Dios ha querido hablarnos. Decirnos su amor. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús, para que lo puedan entender hasta los más sencillos, los que saben conmoverse ante la bondad, el amor y la verdad que se encierra en su vida.

Han desaparecido las distancias. Dios se ha hecho “carne”. Habita entre nosotros. Para encontrarnos con Él no tenemos que salir fuera del mundo, sino acercarnos a Jesús.

Solo Jesús nos ha contado cómo es Dios. Solo Él es la fuente para acercarnos a su Misterio. ¡Cómo cambia todo cuando entendemos por fin que Jesús es el rostro humano de Dios! Todo se hace más sencillo y más claro. Ahora sabemos cómo nos mira Dios cuando sufrimos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos. 

En La Navidad, Dios ha hablado. Y de su Palabra, nace la vida. No responde con palabras al misterio de nuestra existencia, sino que nace para vivir Él mismo nuestra aventura humana.

Ya no estamos perdidos en nuestra soledad. Él está con nosotros. El Viviente, el que da la vida y que indica la senda de la vida plena. La encarnación del Dios vivo. El que trae la vida, frente a tantas obras de muerte, frente al pecado, al egoísmo, al cerrarse en sí mismos. 

Jesús lo cambia todo. Dios mismo ha entrado en nuestra vida. Es posible vivir con esperanza. Por eso la Navidad es siempre una llamada a renacer. Una invitación a reavivar la confianza en Dios, a reconocer en el otro al hermano, a sanar las heridas, a construir puentes, a estrechar lazos y a ayudarnos mutuamente. A dejar que nuestra vida engendre vida a su alrededor. 

En esta Navidad, les deseo que llegue a cada uno la bendición del Niño Jesús, quien siendo inmenso, se ha hecho pequeño; siendo rico, se ha hecho pobre; siendo omnipotente, se ha hecho débil.

¡Feliz Navidad!

+ Sergio Alfredo Fenoy

Obispo de San Miguel en la Argentina

Navidad de 2014

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